jueves, 8 de febrero de 2018

Entre esas cosas que dices y que callas.

Poema dodecasílabo de siete versos con una estructura peculiar.
Trata de apartar esas barreras sociales que nos impiden ser nosotros mismos. Un poema melancólico, pero con tintes esperanzadores.

Entre esas cosas que dices y que callas.

Deja que las palabras vuelen y abracen
el miedo que las condenan al silencio.
Deja que el viento sea el que ponga el precio
y las lleve a los corazones que laten.

Deja ya de tener miedo a hacerte viejo
y que la juventud parta sin temores.
Deja que la ventura eche los dolores,
lo que no consiguieron viejos consejos.

Deja fuera a los demás, dicen qué vale,
que no te impongan de qué manera actuar.
Deja los malos y los buenos modales,
ordenémoslos nosotros, sin pensar.

Deja que la mente escriba lo que encuentra
entre esas cosas que dices y que callas.
Deja de pedir tiempo para ‘ser’, mientras
huyes por no avanzar, si faltan agallas.

Deja de creer en un mundo ficticio,
si las alas que te permiten volar,
dejan de servir, si saltas al vacío
en el que tú estás condenado a vagar.

Deja de querer ser único, no existe;
de valorar los logros por lo que diste.
Deja ya de ser tu mayor enemigo,
de buscar el modo de ser el ombligo.

Deja el pasado, si miras al futuro.
Sé que no hay mentira sin el golpe duro.
Deja el amor, viene sin miedo a la huida,
que vida sin amor: vida de un suicida.

sábado, 13 de enero de 2018

Educación familiar.

Comentario sobre:


Como suele ocurrir con conceptos que tiene tanta importancia en la praxis de las personas, como es el concepto de ‘familia’, debemos definir qué es ‘familia’. No es tarea sencilla en unos tiempos en el que tratar de concretar algo parece un ejercicio arriesgado, pues la posmodernidad en la que estamos inmersos nos hace plantearnos cualquier interpretación posible. Sin embargo, cabe aceptar que, como se muestra en el artículo, consideremos una familia aquél conjunto de personas que viven en el mismo hogar. Dicho esto, en esta entrada resaltaré algunas pinceladas sobre el artículo. 

En primer lugar, me parece imprescindible tener en cuenta la importancia de que exista en la educación familiar una finalidad educativa concreta y de carácter valorativo. Sin duda, esto podríamos considerarlo como requisito sine qua non a lo que es recibir educación familiar. Ahora bien, es cierto que hay relaciones familiares que son perjudiciales para el desarrollo sano y equilibrado con el mundo, pero debemos ser sinceros y reconocer que no somos únicamente nuestra familia, ni en lo bueno ni en lo malo.

En segundo lugar, la parte en la que se menciona a los factores tecnológicos y su influencia en la reproducción humana. Su uso nos hace replantearnos la propia figura de la ‘familia’. Resulta que ya podíamos controlar el cuándo tener un hijo y ahora, además, podremos decidir el cómo va a ser. Esto, sin duda, choca claramente con el principio de acogida incondicional a los descendientes. Para más, esto plantea la posibilidad de que en nuestra sociedad estemos considerando a los hijos como un objeto de consumo de los padres, es decir, que los hijos sacien las necesidades de los adultos, cuando debiera ser claramente al revés. Sin embargo, los hijos necesitan de esa incondicionalidad y seguridad, por ello, deben ser la atención primordial de los padres.

Con todo, quiero insistir que deben definirse, sin titubeos, aquellos valores que permitan alcanzar la felicidad desde el seno familiar. Esto se consigue a través del día a día, no podemos esperar recoger el sentido felicitario de la vida y transmitirlo de una manera teórica. En este sentido, no cabe la posibilidad de aceptar en la familia un valor y su contrario, dicha contradicción menoscabaría el proceso educativo familiar. Por tanto, no podemos caer en la tendencia de considerar a la familia como un grupo democrático más, en el cual todo es debatible. Estoy de acuerdo en considerar esto, como aparece en el texto, un “error pedagógico”. En definitiva, la familia debe tener un argumento y unos valores definidos que sean concretos y reales, pues somos alguien dentro de una realidad y la realidad es tener clarividencia de lo que nos rodea. 

Lee, duda y escribe. 

domingo, 31 de diciembre de 2017

2017

Convivo con llantos y una sociedad ignominiosa que no acepta los cambios de las cosas. Nos aferramos a las mariposas del ayer olvidándonos que fueron gusanos alguna vez. He aprendido que las decisiones no es solo escoger entre múltiples opciones, es acatar el ‘sino’ que los que te rodean han elegido. Amigos que pasan a ser conocidos, un “a ver si nos vemos” se convierte en “y lo que nosotros fuimos”. Quizá lo que queremos decir es que nos vemos… pero en fotos. Porque eso sí, por pantalla y teclado somos amigos de todos. Tú me sigues, yo te sigo. Vivimos entre ‘likes’ y ‘dislikes’, entre Coca Cola Zero y Pepsi Light, Adidas y Nike. No es ni bueno ni es malo, ni siquiera hables del destino ni de un Dios. ‘Dicotomizamos’ todo, pero, a veces, es, simplemente es.

Esta perorata que argumento prueba que no somos meros autómatas, que cambiamos con el paso de las horas y los días; que la rutina mata. Me alegra, me entristece, cambio. Nos modificamos. Amamos lo que antes odiábamos y viceversa. Luego somos causa de críticas que no cesan porque somos contradictorios en nuestras acciones. ¡Somos motores del cambio! Seres de un sistema aleatorio, impreciso. No lo impidas, no malgastes energía, el hecho de intentarlo sería una herejía.

Sin embargo, yo me siento inerme ante esta situación, vacío y falto de razón para decir todo esto. Sin ser una diatriba contra ti, contra él o contra ella; lo que digo es que la vida es bella por sanar y crear las heridas.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Sentimientos patológicos.

Hoy publico un escrito que empecé en el 2014, lo he rescatado y he decidido guardarlo en blog, con otros tantos.

A veces nos encontramos con sentimientos que no entendemos, lo peor de ellos es que se multiplican cuando no les damos importancia. Suelo definirlos como sentimientos patológicos.

Odio sentarme y no tocar el suelo, levantarme y no alzar el vuelo, no controlar mi ego, dejar las cosas para luego, vivir en un mundo ya montando cual ‘Lego’. Odio que buenos pensamientos duren un destello, que intenten tomarme el pelo, que el blanco no sea tratado igual que el negro, discutir sin criterio y no llegar a un acuerdo, que mande el dinero.

Odio que sea más fácil odiar que decir ‘te quiero’, no sentir apego por la patria y sí por apreciar lo que es bello. Odio al fuego, que es capaz de quemar esto y aquello; al agua, por ser capaz de ahogar cualquier ruego; al viento, por derrumbar los hogares de los plebeyos; y odio a la arena por enturbiar al hielo.

Odio a los bancos por poner el agua al cuello, al alcohólico de turno que causa un atropello, al hipócrita que no es sincero con su consuelo. Odio al comunista, que quiero lo que no es suyo; al capitalista, por poner precio al suelo. Odio a la historia y las leyes que nos miran con recelo por no creer en ellas y sí en el pueblo. Odio que te fastidien y no puedas poner un ‘pero’.

Odio la verdad y la mentira. Odio la vida convertida toda en ira porque las prioridades están por encima de los modales. Odio las verdades a medias, las sonrisas fingidas, las caras torcidas, el ceño fruncido, mentiras arrepentidas y los perdones que de nada han servido. Odio repetir patrones, que seamos catalogados por nuestros dones.

Odio que no me llames, pero odio que me hables, odio verte en la calle, pero no quiero que te escondas, odio todos esos adjetivos con los que adornas tus frases, odio a las personas que desaparecieron como flashes sin razón aparente. Odio que tengamos que ser consecuentes, ir de frente y estrellarme ante muros indiferentes.

Odio a la sociedad, que sacia su sed con alcohol para evadirse de la verdad. Odio que el sobrio sea el loco y el ebrio el cuerdo, que hace lo que todos. Odio cada día y cada noche, el ruido de los de coches, el silencio en los bosques. Odio saber que aún no me conoces, que un roce sea sinónimo de sexo o pelea. Odio al poseso que defiende al sistema, a la escuela que lo refuerza, odio la discoteca, los maniquís y viceversa.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Filosofía de la Educación vs Empirismo.

Análisis crítico a
Este artículo nos muestra una postura que propuso Steven Pinker en la cual se defiende que la ciencia empírica es más valiosa que las disciplinas humanísticas para la investigación educativa. Pinker propone esto basándose en dos premisas:
1.      La realidad es inteligible.
2.      La adquisición de conocimiento es difícil y se necesita superar obstáculos y estimular al cerebro para conseguirla.
A estas dos razones hay que añadir que la posmodernidad, el oscurantismo, el relativismo y la corrección política actual, según Pinker, frena todo progreso de las humanidades.  Teniendo en cuenta lo anterior, nos encontramos con un debate sobre la posición y el papel tanto de la Filosofía de la Educación como el de la Investigación Empírica en la Educación.
Por un lado, los defensores del modelo científico, al considerar la educación como una relación de ayuda, como le ocurre a la medicina, buscan de la eficacia y la evidencia, investigando a través del método empírico. Por otro lado, bajo el paradigma de la postmodernidad, encontramos a los que apoyan un método menos normativo, que prioriza la complejidad, el contexto histórico y las relaciones de poder que podemos ver en educación.
De estas dos vertientes, en materia de política de la educación, la investigación empírica es la que más fondos, sin duda, está recibiendo, debido a la necesidad de reconocer los efectos del gasto que se realiza a través de investigaciones cuantitativas. Sin embargo, este tipo de pensamiento nos lleva a entender la educación como una empresa, que Hirtt (2003) lo define como un “valor de mercancía”, y no como un servicio del estado con el que, como dice Pérez Gómez (2012), “enseñar a personas cómo educarse, cómo construirse como sujetos autónomos singulares, utilizando las mejores herramientas que ofrece el saber acumulado por la humanidad”
En este sentido, Gil y Reyero con su artículo nos proponen varios argumentos en contra de esta supremacía de la investigación empírica sobre la filosofía de la educación.
Entre ellos, quiero destacar en el que habla sobre que la política educativa trata los fines educativos, que estos, sin duda, tienen un carácter filosófico e ideológico. Así, no puede entenderse los estudios empíricos, que se utilizan en política educativa, sin tener en cuenta la finalidad de los mismos, es decir, la ideología que hay detrás de dichas políticas. De hecho, las contribuciones de la filosofía, según Gil y Reyero, han tenido dos líneas dominantes:
1.      La clarificación de conceptos y corrientes ideológicas.
2.      La defensa de los valores que deben apoyar la política y las prácticas educativas.  
Toda política está justificada a través de una ideología compartida, pero no científica, y con influencia en la praxis de las personas.
En cuanto a la actividad educativa, los estudios empíricos resultan no determinantes porque están descontextualizados en comparación con los juicios prácticos, pues de manera empírica no es posible recoger los dilemas educativos en el que convergen demasiados elementos. De hecho, es tan compleja que no tiene unas reglas o secuencias que nos aseguren su éxito. Tal y como afirmó Robinson (2010) “(…) no se puede predecir el resultado del desarrollo humano; todo lo que puedes hacer es crear las condiciones necesarias, como un agricultor, donde ellos pueden florecer.” Es más, el hecho educativo alberga factores y distintos niveles de relación, a saber:
·         Los factores son las distintas variables genéticas y socioculturales que conforman al sujeto.
·         Los niveles son la incidencia o los efectos de la educación en distintas dimensiones:
o   Dimensión físico-biológica.
o   Dimensión psicológica y sociocultural.
o   Dimensión antropológica (espiritual, trascendente o de sentido).
Ante estos niveles, los estudios empíricos pueden tener cabida en los dos primeros. Sin embargo, en el tercer nivel estamos hablando de fines de la educación. Hay que tener en cuenta que, compartiendo la opinión de Dewey (1998), cuando hablamos de fines de la educación no debemos preocuparnos por encontrar una definición diferente que el propio proceso educativo, dado que la propia posibilidad de aprender es en sí mismo el objeto de la educación. De ahí que, si en el último nivel, que evidentemente impregna los otros dos niveles, la ciencia no puede darnos investigaciones significativas, pues es de carácter filosófico, realmente la investigación empírica no parece suficiente para comprender el hecho educativo y proponer mejoras al mismo, sino es teniendo en cuenta la carga filosófica de las propuestas. No obstante, podría pensarse que el pensamiento filosófico es necesario por la deficiencia del empirismo, lejos de esto, la filosofía de la educación se hace necesaria para dirigir el conocimiento hacia una mayor humanización y comprender las consecuencias del proceso educativo. 
Bibliografía.
Dewey, J. (1998). Democracia y educación. Madrid: Ediciones Morata.
Hirtt, N. (2003). Los nuevos amos de la escuela: el negocio de la enseñanza. Madrid: Editorial Digital.
Pérez Gómez, A. (2012). Educarse en la era digital. Madrid: Ediciones Morata.
Robinson, S. (2010). Sir Ken Robinson: ¡A iniciar la revolución del aprendizaje! Ted.com. Revisado 15 de abril de 2016: https://www.ted.com/talks/sir_ken_robinson_bring_on_the_revolution?language=es#t-13457

martes, 10 de octubre de 2017

Desde el mar.

Es un poema que sigue la estela de los anteriores. Sin embargo, este poema ha sido escrito a lo largo de septiembre y octubre. Sin más presentación, pues ya es lo suficientemente extenso, disfruten de su lectura.

Desde el mar (Poema dodecasílabo).

Lo que ocurre, ocurre y le coges encanto.
Hasta el más de los dolorosos quebrantos
al final pasa. Y no, no era para tanto.
Siempre dos sonrisas por una de llantos.

En tu vida como en la mía: ni santos
ni diablos que te oculten con grises mantos.
La osadía del que sabe, mas no cuánto
tiene que amar para al dolor darle espanto.

No dispongo la duración de un lamento,
ni las estrellas caen del firmamento
el día que quieres de modo más lento.
Adoro el vuelo, aunque sea turbulento.

Pude prometerle ser feliz a cientos,
pero sólo seré feliz si lo intento.
No me cambiaréis mi fuerza o mi talento
por vuestra falsa sonrisa o viejos cuentos.

Si sueñas con gozar finales felices,
sufrirás un presente con cicatrices.
Ojalá tu ayer sea como tú dices.
Protejo mi hoy afilando vetustos lápices

para mis necesarios cuadernos cómplices
de todas esas calmas y aquellos vórtices.
Cuida con fervor a todos los artífices
que te hacen elevarte al cielo sin hélices.

Desde el mar visualizo lejanas tardes
que pasaba con una actitud cobarde.
Ahora no temo el fuego ni lo que arde.
Vivo mi tiempo y lo muestro con alarde.

Retomar caminos, distintos acordes
y destinos, que residen en el borde
del abismo de pensamientos discordes,
que andan en esta mente misericorde.

Las miradas acompañan risas serias,
por el ‘no querer perder’ tampoco arriesgas.
Vista perdida a pesar de las Perseidas.
Acabar ganando, aunque tú no lo quieras.

Odio el juego de disfrazarse, las huidas;
amo la verdad, ser parte de otras vidas.
Compromiso es Miedo, pero con otro alias.
Lo doy todo, no me falta ni las gracias.

Subir y bajar; disfrutar el presente.
Algo que controlo, no como esa gente.
Saludar y despedirse; es recurrente.
Algo que controlo, soy clarividente.

Colecciono los momentos en mi mente
para cuando uno de los dos esté ausente.
No huyas; no soy demasiado exigente
y ser feliz para mí ya es suficiente.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Caminos por recorrer.

Llega la segunda entrada de septiembre. Una charla de David Perkins que, con su manera magnífica de expresarse, nos ilustra algunos caminos que tiene que recorrer la educación en la actualidad.

En seis minutos de discurso nos habla de la necesidad de un cambio educativo en dos esferas importantes de la educación; ¿cómo enseñar? (la metodología) y, una que suele ser olvidada, ¿qué enseñar? (los contenidos).

Compartiendo está visión con Perkins, desde hace algún tiempo me he centrado en descubrir ¿por qué tratamos de enseñar lo que enseñamos? Es decir, en la parte de ¿qué enseñar? Sin embargo, la tendencia educativa en los últimos años está centrada en conocer la metodología que consigue motivar a alumnado, pero ¿por qué tiene que aprender eso que se pretende que aprenda a toda costa? Nada más lejos de la realidad, me topo a menudo con el discurso que hace alusión al mercado laboral cambiante. Incluso Perkins, que aboga por un cambio, también nos habla de la necesidad de educar para el oficio. Esto me hace recordar a Nico Hirtt, que en su libro ‘Los nuevos amos de la escuela’ (libro de obligada lectura), nos dice que ya se ha llegado al punto que no debatimos si la escuela imparte un derecho o un servicio, sino que ya es considerada un “proveedor de ‘capital humano’ para las empresas”. ¿Esto debe ser así?

Más adelante, aparece el tema sobre la tecnología educativa, que tiene tantos detractores como defensores. Sin querer desvelar estos seis minutos, me parece muy interesante el punto que nos ofrece sobre ella: la creación de entornos virtuales, que nos permiten ‘estudiar conceptos en forma activa’. Por tanto, en mi opinión, posicionarse en contra del uso tecnológico como premisa, supone tomar una posición que limita nuestras posibilidades y las que nos ofrece algún que otro software, considerémoslas.

No te pierdas está entrevista, sólo 6 minutos: Entrevista a David Perkins

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